La Asociación de Obras Cristianas de Gibraleón está inmersa en la celebración de su 40 aniversario

Con cuarenta años está como una rosa: joven, alegre, decidida a continuar poniendo en práctica las Bienaventuranzas de Jesús, empeñada en hacer dichoso al que sufre, llora y se siente solo. Tal es su entrega a los más pobres y débiles que la Asociación de Obras Cristianas de Gibraleón no se detiene ante las dificultades, segura de que Dios está a su lado y, por tanto, con su ayuda y por bien del necesitado, capaz de superarlas.

Surgida en el seno de la comunidad parroquial en 1976, gracias a la inquietud de aquellos católicos más com­pro­me­tidos, Obras Cris­tia­nas fue impulsada por su presidente, el sacerdote Diego Suárez Mora, quien, asimismo, fuera párroco de la localidad olon­ten­­se du­ran­te cua­renta años.

Volcada, como hemos mencionado anteriormente, en la ayuda y atención a los necesitados, siguiendo el ejemplo de Jesús, la Asociación desarrolla su labor en numerosos centros que la misma entidad ha ido creando, tanto en la provincia de Huelva -en las localidades de Gibraleón y Beas- como en el extranjero -caso de México, Argentina, Ucrania y Chile-, pues de todos es sabido que el hambre, la falta de amor, el desamparo y la soledad no saben de fronteras, ni distinguen razas ni diferencian geografías.

El primer proyecto que se puso en marcha, en marzo de 1978, fue la Residencia de Ancianos Jesús de Nazaret. Como sucede con cualquier primogénito, Gibraleón le tiene un cariño especial; ni menos ni más que a otras obras, distinto: porque no había nada y Dios la bendijo como un origen, como el brote verde en el tallo exiguo que dio paso a otras ramas, que juntas, poquito a poco, fueron convirtiéndolo en árbol frondoso.

Por su parte, la Casa-Hogar El Cristo Roto, fundada en 1986, tiene como misión acoger a las personas con discapacidad, en las cuales se refleja el rostro de Jesús mismo, contando con área asistencial, sanitaria, educativa, psicomotriz, rehabilitadora y de ocio y tiempo libre. El Cristo Roto llama la atención desde su nombre, y traspasando la cancela de su jardín ya sabes que la sonrisa es su divisa y el amor su emblema.

En cuanto a los Centros Residenciales Básicos Santa Ana de Sión y San Isidro de Sion, abiertos en 2008 tras la reconversión del Hogar Infantil Sion en dos unidades diferenciadas, posibilitando que el niño viva en un ambiente lo más similar a una familia, acogen en la actualidad a menores que se encuentran en situación de desamparo y sufren graves carencias socio-familiares.

En lo referente al Centro de Protección de Menores Emaús, concertado para menores con medidas de protección, ofrece a sus chavales una formación integral en la que se abordan todas las dimensiones de la persona, contando para ello con un personal de sobrada experiencia y un equipo técnico formado por profesionales especializados. Al igual que Sion, pone en práctica un Programa de Atención Residencial Básico.

Finalmente, la Casa-Hogar La Casita del Niño Jesús Roto -también en Gibraleón, como todos los  mencionados hasta ahora- es un centro de protección para menores con un grado de discapacidad psíquica reconocida mayor al 33%.

Fuera de las lindes municipales olontenses, en el pueblo de Beas, las Asociaciones Nuestra Señora de los Clarines y Obras Cristianas de Gibraleón inauguraban en 1991 la Residencia de Ancianos Virgen de los Clarines. Acoge a ancianos a los que se ofrece alojamiento, manutención, vestuario y cuantas actuaciones de carácter asistencial, sanitario, terapéuticas y rehabilitadoras puedan necesitar, contando desde 2005 también con una Unidad de Día, para los mayores beasinos que duermen en sus casas, con instalaciones y programas adecuados y especiales destinados a rehabilitación.

Asimismo, cuenta la Asociación también en Beas con la Casa de la Misericordia Betsaida, inaugurada en 2002, que acoge a 50 discapacitados psíquicos en tres residencias destinadas a gravemente afectados.

De la gran obra a nivel internacional informaremos en próximos boletines informativos.

 

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