La Iglesia pide en la Jornada Mundial de este año especial atención para los emigrantes y refugiados

El Papa ha recordado en numerosas ocasiones que “en nuestra época, los flujos migratorios están en continuo aumento en todas las áreas del planeta: refugiados y personas que escapan de su propia patria interpelan a cada uno y a las colectividades, desafiando el modo tradicional de vivir y, a veces, trastornando el horizonte cultural y social con el cual se confrontan”.

El Papa señala que “La indiferencia y el silencio abren el camino a la complicidad cuanto vemos como espectadores a los muertos por sofocamiento, penurias, violencias y naufragios. Sea de grandes o pequeñas dimensiones, siempre son tragedias cuando se pierde aunque sea sólo una vida.”

Los obispos de la Comisión Episcopal de Migraciones recuerdan en su mensaje la importancia de que ”nuestra  acogida no quede dominada por la desconfianza  ni por miedos o estereotipos, a veces interesados, que nos hacen recelar del que huye o sufre”.

Este año el cartel significa según el sacerdote de Barcelona Peio Sánchez  que “El autobús está arrancando. La madre, que viene de lejos, al final del día duerme mirando a su hija. La pequeña quiere jugar y provoca la atención de  un transeúnte. Le interpela para que se detenga con una llamada en el cristal. El hombre apenas tiene un segundo mientras el autobús coge velocidad. Entonces dibuja con sus manos el corazón de la misericordia. Ambos sonríen, se han mirado en la noche. Aunque el destino sea incierto, en un momento fugaz se han visto sorprendidos por un encuentro. Los obstáculos de diferencia de edad, de raza o de idioma han sido derribados. Han aprovechado el instante. Y en éste se hace un pequeño milagro que cambia el mundo.

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