Para sanar las heridas en las familias hay que pedir inmediatamente perdón, dice Francisco.

“En un mundo que a veces es árido de vida y de amor, ustedes cada día hablan del gran don que son el matrimonio y la familia”.

El Santo Padre manifiesta que “La vida de las familias no se detiene”. “Ustedes, queridas familias, dijo, estén siempre en camino” y “continuamente escriban en las páginas de la vida concreta la belleza del Evangelio de la familia”. Por eso “no se puede vivir sin perdonarse, o al menos no se puede vivir bien, especialmente en familia”, dijo Francisco, quien también mencionó que “cada día nos faltamos al respeto el uno al otro”.

“Debemos poner en consideración estos errores, debidos a nuestra fragilidad y a nuestro egoísmo. Lo que se nos pide es sanar inmediatamente las heridas que nos hacemos, retejer inmediatamente los hilos que rompemos en la familia. Si esperamos demasiado, todo se hace más difícil”.

El Pontífice indicó un “secreto” para “sanar las heridas y para disolver las acusaciones”: “no dejar que termine el día sin pedirse perdón, sin hacer la paz entre el marido y la mujer, entre padres e hijos, entre hermanos y hermanas… ¡entre nuera y suegra!”.

“Si aprendemos a pedirnos inmediatamente perdón y a darnos el perdón recíproco, sanan las heridas, el matrimonio se robustece, y la familia se transforma en una casa más sólida, que resiste a los choques de nuestras pequeñas y grandes maldades”.

Para ello “es suficiente una caricia, una caricia y ha terminado todo y se recomienza, pero no terminar el día en guerra ¿entienden?”.

El Papa también reconoció que es difícil ponerlo en práctica y que muchas personas así lo piensan. “De hecho es precisamente recibiendo el perdón de Dios que, a su vez, somos capaces de perdonar a los otros”.

 

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